
Al encanto de mi novia no se le ha ocurrido mejor idea para matar el tiempo del que disponemos que pintar la cocina de la casa. Esto supone mover decenas de muebles, enseres, mesas y demás artículos. Nuestra nula experiencia en el sublime arte de la brocha gorda han provocado un techo de dudosa calidad artística, aunque las paredes han quedado inmaculadas, bajo un aura color pistacho cremoso. Tras acabar con la cocina decidimos por mayoría absoluta que también había que pintar la entrada. Todo este trabajo se realizo bajo la atenta inspección de Fido, el perro pesado, que entraba y salia como Pedro por su casa. En mas de una ocasión, tuvimos que limpiarle las patas que previamente se había embadurnado en pintura y estaba dejando un rastro surrealista por toda la casa...

